Cuando la gente ve por primera vez una botella de calabaza, puede parecer simple, solo una calabaza cultivada naturalmente, moldeada por el tiempo. Pero no todas las calabazas son adecuadas para hacer un recipiente para beber. Lo que parece mínimo en la superficie es, en verdad, el resultado de una cuidadosa selección, paciencia y tradición.
1. Elegir la calabaza adecuada
Una calabaza es el fundamento de todo.
Si bien muchas calabazas se cultivan con fines decorativos, solo un pequeño número cumple con los estándares requeridos para un recipiente funcional para beber. La cáscara debe alcanzar un cierto grosor y densidad para garantizar durabilidad y seguridad. La mayoría de las variedades comunes no cumplen con estos requisitos: pueden verse hermosas, pero son demasiado delgadas o frágiles para el uso diario.
Con el tiempo, probamos docenas de variedades diferentes de calabazas. Finalmente, encontramos una que logra un equilibrio poco común entre fuerza y forma. Esta calabaza en particular tarda unos dos meses más en madurar por completo en comparación con los tipos más comunes. Ese tiempo extra le da una cáscara más gruesa y una presencia que se siente más arraigada, más primitiva, más sustancial y más cercana a su origen natural.

2. Tintes vegetales naturales
Mucha gente pregunta si podemos hacer calabazas en colores como el verde o el rosa. La respuesta es simple: no podemos, no si nos mantenemos fieles a nuestros métodos.
Trabajamos únicamente con tintes vegetales naturales. Debido a esto, nuestra paleta se limita al rojo, marrón y negro. Estos son los únicos colores que se pueden lograr sin materiales sintéticos.
Esta es una elección deliberada. Nos permite seguir técnicas tradicionales al mismo tiempo que garantiza que cada pieza siga siendo segura para el uso diario.

Rojo y Marrón
Los tintes incluyen hibisco, arroz de levadura roja, sándalo y catechu. Usando un proceso de teñido por ebullición tradicional, podemos lograr colores ricos y satisfactorios. El mismo conjunto de tintes de origen vegetal se utiliza tanto para el rojo como para el marrón; la diferencia radica en las proporciones.
El proceso en sí es lento. La calabaza se hierve junto con estos materiales vegetales durante aproximadamente cuatro horas, luego se deja en remojo durante 24 horas adicionales. A través del calor y el tiempo, el color se asienta gradualmente en la superficie.
Debido a que este método se basa completamente en ingredientes naturales y técnicas tradicionales, los resultados nunca son idénticos. Algunas calabazas emergen de un rojo intenso, otras más claras, con un tono más suave. No vemos esto como una inconsistencia, sino como un reflejo del proceso en sí, cada pieza moldeada por variables que elegimos no controlar.

Negro
El tinte negro proviene de un material vegetal tradicional conocido en chino como "Wu Bei Zhi". Al igual que los tonos rojo y marrón, se aplica mediante ebullición.
Debido a que el negro es un color más profundo y dominante, los resultados finales tienden a ser más consistentes. La mayoría de las calabazas negras comparten un tono similar, con menos variaciones visibles en comparación con los colores más claros.
3. Laca Urushi
Urushi es una laca natural hecha de la savia del árbol de la laca. Se ha utilizado durante miles de años y es conocida por su durabilidad, resistencia al agua y sutil brillo. También es apta para alimentos cuando está completamente curada.
En la fabricación de una botella de calabaza, el urushi cumple dos propósitos esenciales: hacer que el interior sea impermeable y realzar el exterior con belleza y resistencia.

Revestimiento interior
Una vez que la calabaza ha sido vaciada y teñida, se vierte urushi líquido en su interior y se rota cuidadosamente para cubrir cada superficie. Luego se deja curar de forma natural.
Este proceso se repite tres veces. Con cada capa, el interior se vuelve más duradero y completamente impermeable, lo que permite que la botella se use de forma segura para beber. Este proceso tarda entre 2 y 3 semanas en completarse.
Acabado exterior
Después del teñido, se aplica a mano una capa final de urushi al exterior. Esto realza un brillo suave al tiempo que mejora la textura natural de la calabaza.
No buscamos un acabado industrial impecable. Para nosotros, las sutiles irregularidades (las sutiles variaciones en la superficie y el tono) son lo que le dan carácter a la pieza. La precisión moderna tiene su lugar, pero no puede reemplazar la profundidad de algo moldeado por la naturaleza y la mano.

Un proceso que no se puede apresurar
Cada paso de este proceso se realiza a mano.
No hay plásticos, metales ni productos químicos sintéticos involucrados, solo materiales naturales, tiempo y atención. Por ello, estas calabazas no se pueden producir en masa. Cada una requiere tiempo para crecer, tiempo para dar forma y tiempo para terminar.
Al final, lo que tienes en tus manos no es solo un recipiente, sino un registro de ese tiempo.
Más entre bastidores y uso diario en Instagram: @emberoldways
Si desea tener una, puede explorar nuestras calabazas de producción limitada aquí.
